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¿Qué hay más fascinante que la mirada de un gato? Su fijeza y la abertura elíptica de su pupila lo son de forma extraordinaria. Además, los egipcios, que veneraban mucho a este felino, dibujaban con el mismo símbolo el gato y la visión.
Este depredador está dotado de una excelente visión crepuscular gracias a la estructura de su retina. Esta membrana sensorial situada en el fondo del ojo posee 200 millones de bastoncillos (células muy sensibles a la luz) frente a sólo 120 millones, en la especie humana. Pero el verdadero secreto del gato es la presencia de un “espejo” detrás de la retina, el Tapetum lucidum, que refleja la luz no absorbida y da la impresión de que los ojos brillan en la noche
El ojo, órgano sensorial más importante en el gato, es capaz de captar la menor parcela de luz y el más pequeño contraste. En contrapartida, su retina es pobre en conos, fotorreceptores sensibles a los colores: el gato no distingue más que una paleta limitada (el azul, el verde y, posiblemente, el rojo) y no distingue en absoluto los matices.
Aunque vea mal de cerca, este cazador detecta fácilmente, tanto de día como de noche, un ratón a gran distancia: una diferencia de luminosidad y el menor movimiento de su presa ( ¡ A partir de 144m/h!) es suficiente para detectar su presencia. El oído de un gato está mucho más desarrollado que el nuestro o que el del perro, con una gama de vibraciones percibidas tres veces más amplia, sobre todo en los agudos: percibe los ultrasonidos hasta 60.000Hz. Esta dotado de un oído musical, puesto que puede distinguir ínfimas diferencias de tono, cualquiera que sea su intensidad. Sus orejas hacen las veces de radares, pudiendo orientarse independientemente la una de la otra para localizar la fuente sonora, gracias al juego de una veintena de músculos.
Los pilotos nocturnos lo saben: para mejorar la visión crepuscular, lo mejor es tomar gran cantidad de arándanos. Estos frutos son rojos ricos en carotenos, precursores de la vitamina A que en los mamíferos intervienen el los mecanismos de adaptación de la visión nocturna.
A diferencia del hombre y del perro, el gato no es capaz de fabricarla a partir del caroteno de los vegetales necesita un aporte de vitamina A de origen animal (carne, hígado, pescado…). Pero tampoco necesita demasiada: su aporte debe estar preciosamente controlado, puesto que su exceso es tan peligroso como su carencia (bloqueo de la columna vertebral). Los alimentos completos para gatos contienen suficiente vitamina A: ¡no es necesario añadir aceite de hígado de bacalao!
Fuente: Royal Canin |