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ZOONOSIS: ¿QUÉ NOS PUEDEN TRANSMITIR REALMENTE NUESTRAS MASCOTAS   Fecha: 05/11/2003
Resumen:
Las enfermedades que se transmiten de los animales a las personas, reciben el nombre de zoonosis.

Contenido:

ZOONOSIS:

¿QUÉ NOS PUEDEN TRANSMITIR REALMENTE NUESTRAS MASCOTAS?

AUTOR: Lorena Moratalla. Centro Veterinario Punta

Si hay un tema que preocupe de verdad a los dueños de animales de compañía, sobre todo cuando hay niños en la familia, es el de las posibles enfermedades que nuestras mascotas pueden transmitirnos. Cuando un animal llega a nuestra clínica y diagnosticamos una enfermedad, la pregunta más frecuente es “¿y eso se puede contagiar a las personas?”.

Desde nuestro ejercicio profesional, consideramos que es nuestro deber informar de cuándo una enfermedad es transmisible al ser humano, pero sobre todo de cómo prevenir que eso llegue a suceder. Yo siempre respondo a mis clientes que un animal correctamente alimentado, limpio, vacunado y desparasitado, puede transmitir muy pocas cosas: probablemente muchas menos de las que nos pueden contagiar otras personas.

Las enfermedades que se transmiten de los animales a las personas, reciben el nombre de zoonosis. Me parece importante resaltar que no siempre el animal debe parecer o ni siquiera estar enfermo, para ser capaz de transmitir una enfermedad. Por tanto, el típico comentario de “no, si mi perro nunca ha estado enfermo” o “mi gato no sale nunca de casa” no debería justificar que no se prevengan ciertas enfermedades, especialmente las parasitarias.

En este artículo vamos a hablar tanto de las zoonosis parasitarias, es decir, las enfermedades de los animales causadas por parásitos que pueden transmitirse al hombre, como de las zoonosis infecciosas, que son aquellas enfermedades de los animales producidas por bacterias, virus u hongos capaces de contagiarse al ser humano.


Zoonosis parasitarias.

Las lombrices intestinales (bien sean nematodos o lombrices redondas, o bien sean tenias o lombrices planas), constituyen un problema sanitario por el hecho de que en nuestro país todavía hay poca gente concienciada de que debe recoger los excrementos que, especialmente los perros, hacen en la vía pública. En las heces se encuentran los huevos de estos parásitos, y por tanto son fuente de contagio para otros animales y/o personas que entran en contacto con ellas en nuestras calles y parques. Mucha gente piensa que su animal no tiene lombrices porque no las ve en sus heces cuando defecan, pero esto no es real: hay que tener en cuenta que si la carga parasitaria del animal no es muy alta, las lombrices viven en el intestino y no tienen por qué salir de él (a no ser que demos un antiparasitario para que mueran, y entonces  podremos verlas si son muchas, otras veces no las veremos, porque son digeridas en el intestino del animal); sin embargo sí salen en forma de huevos, que son microscópicos y por tanto no pueden verse a simple vista. Los problemas que pueden ocasionar en las personas son muy variados: de especial importancia son las lesiones oculares, cutáneas, hepáticas o neurológicas causadas por las llamadas “larvas migrans” de algunos nematodos como Toxocara cani y cati, Toxascaris leonina y otros del Género Ancylostoma. En cuanto al “quiste hidatídico”, más conocido, se trata de una zoonosis mayor producida por una tenia, pero está más relacionada con ciclos rurales o silvestres, por lo que cada día se da con menos frecuencia en los países desarrollados. Sobre los ciclos de estos parásitos pueden consultar nuestro artículo “Los parásitos en nuestras mascotas” en esta página web, donde podrán ver, por ejemplo, que algunos se transmiten por la picadura de otros parásitos como las pulgas, con lo cual no es necesario que nuestra mascota salga de casa para contagiarse.

Otro grupo importante que también puede transmitirse al ser humano está constituido por los protozoos intestinales, tales como Giardia duodenalis, agente productor de la giardiosis, que cursa con cuadros diarréicos.

También en este grupo hay que incluir a un parásito especialmente importante por sus posibles efectos sobre mujeres embarazadas: Toxoplasma gondii, agente causal de la toxoplasmosis. Se trata de un protozoo que necesita de otros animales, entre los cuales se encuentra el hombre (hospedador intermediario) para completar su ciclo y ser capaz de infestar a un gato (hospedador definitivo). Por tanto, los gatos son fuente indirecta de contagio para el ser humano (ya que eliminan ooquistes, forma infestante de Toxoplasma), mientras que las fuentes directas son la carne cruda (de un animal que haya ingerido los ooquistes) y la placenta (es decir, la mujer embarazada que se contagia, lo transmite a su hijo). Cuando una persona se contagia de toxoplasmosis, adquiere inmunidad y por tanto, ya no volverá a sufrirla. A excepción de que la persona que se contagia sea una mujer embarazada, la enfermedad no tiene importancia, ya que produce síntomas similares a un resfríado o incluso pasa desapercibida. Pero, ¿qué sucede si es una mujer gestante? El contagio de la toxoplasmosis en los primeros meses del embarazo puede producir abortos precoces y/o malformaciones en el feto. Como ya he comentado, si esta mujer ya había “pasado” la enfermedad, no puede contagiarse de nuevo; esto se sabe al medir los anticuerpos, análisis que se hace rutinariamente a las mujeres embarazadas: si el nivel es alto, significa que ya ha tenido la enfermedad y por tanto no tiene que tomar precauciones de ningún tipo. Sin embargo, si el nivel de anticuerpos es bajo, se dice que es seronegativa a Toxoplasma y por tanto debe tomar algunas precauciones para no contagiarse durante la gestación, como son:

  • no manipular carne cruda ni comer carne poco cocinada ni embutidos, jamón curado o salchichas: esto es porque los ooquistes contenidos en la carne cruda o poco cocida son los principales responsables de la propagación de la toxoplasmosis.
  • lavar bien las verduras que se comen crudas, por si el agua de riego estuviese contaminada por ooquistes.
  • no manipular la caja del gato si tenemos uno en casa, ni tampoco la arena o tierra de los arriates o el jardín, ya que algún gato puede haber defecado en ella y ésta puede ser fuente de infección.

Y ahora la pregunta más frecuente entre los propietarios de gatos es: ¿qué hacemos con el nuestro?. Esta es mi principal preocupación, ya que hay médicos que incluso aconsejan que la mujer embarazada no conviva con gatos. A nivel práctico, una mujer propietaria de uno o varios gatos, que desee quedarse embarazada, debería visitar a su médico antes, para someterse al análisis de sangre y determinar si tiene o no anticuerpos contra la enfermedad, y poder así tomar las precauciones pertinentes. Lo más frecuente si ha convivido con estos animales,  es que sea seropositiva, por lo que no tendrá que preocuparse. Si no es así, tendremos que controlar al animal y ver si éste tiene o no anticuerpos contra el parásito para decidir qué tipo de precauciones hay que tomar. Y sobre todo, recordar que los gatos son una fuente indirecta y de menor importancia epidemiológica que, por ejemplo, el consumo de carne contaminada.

En cuanto a los parásitos hemáticos (es decir, que viven en las células sanguíneas), podemos hablar de los que son transmitidos por garrapatas y los transmitidos por mosquitos.

Entre los primeros encontramos a Ehrlichia canis, que produce una enfermedad llamada erhlichiosis, que afecta a los perros, pero no a las personas (aunque ya se han dado algunos casos de erhlichiosis humana pero producidos por otra especie de Ehrlichia); lo mismo ocurre con Babesia canis, que produce la babesiosis canina; sin embargo, las garrapatas también pueden transmitir al hombre otras especies de Babesia, así como la llamada Enfermedad de Lyme, causada por Borrelia burdogferi, y que da lugar a cuadros de poliartritis tanto en la especie humana como en la canina. Además son transmisoras de otras enfermedades raras como la fiebre botonosa mediterránea, cuyo agente causal es Rickettsia conorii, la parálisis por garrapatas y la meningoencefalitis de primavera, que pueden afectar seriamente al ser humano; por tanto, hay que resaltar aquí la importancia del agente transmisor, la garrapata, cuya picadura en el ser humano es relativamente frecuente. En el caso de que esto le suceda, diríjase lo antes posible a un centro de salud, ya que cuanto antes se la quiten (y ha de hacerlo una persona que sepa, no lo intente usted mismo), menor será la probabilidad de que le transmita cualquier enfermedad.

En cuanto a las enfermedades transmitidas por mosquitos, consideramos como la más importante la leishmaniosis. Se trata de una enfermedad muy compleja y cada día más frecuente en nuestras latitudes, ya que no existe ni prevención ni tratamiento completamente eficaces parta lograr su curación, aunque sí su control. El agente transmisor es un mosquito del Género Phlebotomus, que interviene necesariamente tanto en el contagio entre perros como de perros parasitados a personas. En cualquier caso, en el contagio de esta enfermedad juega un papel decisivo la inmunidad, es decir, la capacidad del organismo ya sea animal o humano, de defenderse, y por tanto el peligro real se da en personas inmunodeprimidas. Los síntomas son muy variados y van desde lesiones cutáneas a afecciones de órganos como el hígado, el bazo o los riñones.

Otra enfermedad transmitida por mosquitos, en este caso de otros Géneros como Aedes, Culex, Anopheles o Mansonia, es la dirofilariosis, enfermedad que hasta hace poco tiempo se consideraba de la especie canina, pero que actualmente está demostrada su incidencia sobre la felina también. En cuanto a las posibilidades de contagio al ser humano, hay que decir que existen, aunque la probabilidad es realmente muy baja. En estos casos, los parásitos se desarrollan parcialmente, y normalmente no producen síntomatología, aunque a veces hay tos, jadeo y otros síntomas respiratorios. A pesar de ello, suele tratarse de una infestación producida por un solo parásito, y que presumiblemente se resolvería sola si se la dejara.

Por último, comentaré brevemente las posibilidades de transmisión de las sarnas, enfermedades producidas por ácaros que afectan a la piel y conducto auditivo de nuestras mascotas. No constituyen en sí mismas una zoonosis, ya que el contagio al ser humano es nulo en el caso de la sarna demodécica, la otodéctica y la notoédrica. La sarna sarcóptica de los perros y la cheiletielosis de gatos y conejos, sí son transmisibles causando cuadros de dermatitis con picor y pérdida de pelo, pero dejan de serlo al tratarlas; además el contagio se da con muy poca frecuencia y está íntimamente relacionado con el estado inmunitario de la persona.


Zoonosis infecciosas.

Las enfermedades infecciosas más frecuentes que afectan a nuestras mascotas y de las que más hemos oído hablar, no pueden contagiarse a las personas. Por tanto enfermedades caninas como el moquillo, la tos de las perreras, la parvovirosis, la coronavirosis o la hepatitis, no son peligrosas para el ser humano; así mismo, entre las que afectan a los gatos, tampoco lo son la leucemia, la inmunodeficiencia, la peritonitis infecciosa o la panleucopenia. Todas estas enfermedades, además, se pueden y deben prevenir mediante la vacunación y revacunación de nuestros cachorros y gatitos, así como con el recuerdo anual, desde luego necesario para mantener esa inmunidad.

Sin embargo, hay otras enfermedades que sí son transmisibles al ser humano, y por lo que hay que hacer hincapié en la importancia de la revacunación anual, ya que así prevenimos que nuestras mascotas las sufran y que nos las puedan transmitir: estamos hablando ahora de la leptospirosis y de la rabia.

La leptospirosis es una enfermedad bastante desconocida para el público en general, y sin embargo se considera una zoonosis mayor por la gravedad del cuadro que puede generar en el ser humano (un síndrome febril que continua con procesos renales y meningíticos), más que por su frecuencia. Está producida por una bacteria llamada Leptospira interrogans, capaz de infectar a todas las especies animales, incluidas las de sangre fría (reptiles, anfibios...), aunque son más sensibles los perros, cerdos y bóvidos. Se considera una enfermedad profesional, ya que el contagio se da por contacto directo fundamentalmente con la orina de un animal infectado, aunque también con su leche o con material de un aborto (por tanto, veterinarios, personal auxiliar en clínicas, matarifes...) o por contacto con aguas contaminadas como marismas o arrozales (poceros, arroceros, porqueros, así como turistas que se bañan en zonas pantanosas, barrizales, etc.).

En cuanto a la rabia, se trata también de una zoonosis mayor, ya que es una enfermedad muy grave, muchas veces mortal, aunque, eso sí, esporádica en los países desarrollados, y esto gracias a que la vacunación antirrábica ha sido obligatoria durante muchos años. En España, la rabia se considera erradicada, pero la vacunación sigue siendo sumamente importante al encontrarnos entre el Norte de Äfrica, donde sigue existiendo la rabia urbana o clásica, es decir, la transmitida por perros y gatos sobre todo vagabundos, y Francia, con un problema importante de rabia vulpina, ligada al zorro, aunque bastante controlada en los últimos años gracias a la vacunación masiva de estos animales. Además, la rabia puede ser transmitida al ser humano también por murciélagos, sean éstos hematófagos o no, ya que los portadores eliminan el virus por orina y heces que pueden ser fuente de contagio para quien los manipule, así como por vía inhalatoria. De todos modos, la vía principal de contagio es mediante la mordedura del animal infectado, ya que el virus se elimina principalmente por la saliva, incluso antes de que el animal tenga síntomas de la enfermedad. Por todo ello, y aunque se trate de una enfermedad de baja presentación tanto en animales como en personas, es de aquí de donde deriva la importancia de la mordedura de un animal a una persona. Si esto le sucede, debe dirigirse lo antes posible a un centro de salud, a ser posible con la mayor información acerca del animal que le mordió. Y no olvide que con la revacunación antirrábica anual de su gato o perro, contribuye enormemente a que esta enfermedad esté cada día más controlada, además de evitarse preocupaciones en el caso de que su mascota muerda a alguien.

Otra zoonosis, esta vez transmitida por otras mascotas cada vez más frecuentes entre nosotros, las aves, es la llamada psitacosis u ornitosis, según la transmitan Psitácidas (como loros, periquitos, etc) u otras aves (de corral como gallinas y pavos, también palomas, aves acuáticas, o de jaula, como los canarios). Se trata de una enfermedad producida por una bacteria llamada Clamydia psittaci, que mientras en las aves produce un cuadro respiratorio tras un periodo de anorexia y diarreas, en el ser humano produce un cuadro febril con debilidad, cefaleas, vómitos, síntomas respiratorios y, lo más grave, la posibilidad de abortos en mujeres embarazadas. Por eso, lo más importante al comprar un ave exótica, es hacerlo en establecimientos autorizados que nos den seguridad del origen y tratamiento al que ha sido sometido el animal. Con el resto de aves, si son de compañía, hay que ponerlas en cuarentena al comprarlas y devolverlas en el caso de que sufran síntomas compatibles con la enfermedad, además de tenerlas en un lugar con buena ventilación y evitar dormir en la misma estancia; si se trabaja con ellas, recordar que la fuente de infección principal está en las heces y el polvo de las plumas de animales enfermos, por lo que el uso de mascarillas es recomendable. Por último, es importante señalar que una fuente importante de infección es la ingestión de carne de aves acuáticas contaminadas.

También otras mascotas exóticas como los reptiles, transmiten enfermedades, como la salmonelosis, producida por una bacteria que ocasiona cuadros de gastroenteritis. Actualmente se dan casos en niños por el manejo de tortugas sin la necesaria higiene.

Otras zoonosis más raras y que afectan más a profesionales relacionados con animales, como veterinarios, criadores, propietarios de tiendas o cuidadores de zoológicos, son las que se transmiten por inoculación o por cuerpo extraño. Una que llama particularmente la atención es la enfermedad por arañazo de gato, en la que está implicada una bacteria llamada Rochalimea henselae, y que cursa con fiebres recurrentes y cefaleas.

Finalmente, existen otras zoonosis infecciosas bastante frecuentes, causadas por hongos de diferentes especies, y que producen las llamadas dermatofitosis, más conocidas como tiñas. El contagio se produce por contacto directo con animales enfermos o con utensilios que han estado en contacto con ellos, como peines, mantas, monturas en el caso de caballos... Una vez que el hongo llega a la piel tanto de otro animal como de una persona, ésta puede o no afectarse, según la respuesta inmunitaria que tenga: por tanto, y una vez más, el contagio es más importante en personas inmunodeprimidas. La lesión más característica es un área circular y sin pelo, normalmente con el borde enrojecido porque es ahí donde está el hongo. No se trata de una enfermedad grave pero sí bastante molesta y lenta en su curación.


La prevención es el mejor tratamiento.

Ésta es la “frase estrella”, es el mejor consejo, nuestra recomendación más importante: si su mascota tiene un buen veterinario y usted sigue sus instrucciones, no tendrá que preocuparse por todo lo expuesto anteriormente. Hemos hablado de muchas enfermedades, la mayoría muy infrecuentes aunque parezcan alarmantes sus síntomas. Sin embargo, con un Programa de control parasitario correcto nuestra mascota no tendrá contacto con parásitos transmisores como garrapatas, pulgas, ácaros y mosquitos, y además estará libre de parásitos intestinales. Por otro lado, si se le incluye en un Programa de inmunización adecuado, podrá prevenir prácticamente todas las enfermedades infecciosas, tanto las transmisibles al ser humano como las que solamente pueden afectar a nuestro fiel amigo. Y esto, unido a una correcta higiene y un Programa nutricional adaptado, completa la prevención de todas estas enfermedades. No es tan complicado, ¿verdad?. Solamente tiene que ponerse en manos de un buen profesional.


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