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Beneficios de la Desparasitación en los Animales de Compañía.   Fecha: 15/05/2009
Resumen:
Los parásitos de las mascotas y humanos son potencialmente molestos y peligrosos para el animal o la persona que los alberga, por eso siempre se debe realizar una desparasitación preventiva. Ya no es sólo una cuestión de bienestar y salud del animal, sino que también es una cuestión de salud pública.

Contenido:

Beneficios de la Desparasitación en los Animales de Compañía.

Los parásitos, son seres vivos que viven a costa de otro ser vivo superior (llamado por ello hospedador), habitando dentro o sobre ellos y alimentándose de partes de su organismo o de sustancias alimenticias ingeridas por éstos. A los parásitos que viven sobre el animal hospedador se les llama parásitos externos; a los que viven dentro del hospedador, se les llama parásitos internos.

Los parásitos de las mascotas y humanos son potencialmente molestos y peligrosos para el animal o la persona que los alberga por tres motivos:

  1. Porque por sí mismos, estos parásitos pueden ocasionar directamente lesiones sobre el organismo. Por ejemplo, los gusanos intestinales provocan vómitos, diarreas, adelgazamiento crónico e incluso pueden ocasionar la muerte por acumulación y formación de bolas que se atascan dentro del tubo intestinal. Otro ejemplo, las pulgas pican sobre la piel del animal, provocando un gran picor y malestar, y ocasionando lesiones importantes en la piel a causa del rascado y de las alergias que provocan; y consumen mucha sangre si se encuentran en gran número, por lo que pueden ocasionar anemia y debilidad en los animales afectados.
  2. Porque muchos son transmisores de otras enfermedades infecciosas (que albergan en su interior y que transmiten al hospedador cuando le pican o cuando penetran en él), las cuales son luego muy difíciles de identificar y pueden poner en grave riesgo la vida de las mascotas y de sus propietarios.
  3. Finalmente, porque interfieren con la capacidad de inmunización de las vacunas. Es decir, una vacuna, aplicada sobre un animal previamente parasitado, es muy probable que no tenga un buen efecto sobre el animal, quedando este desprotegido frente a las enfermedades contra las que se pretendía vacunar.

Existen muchos parásitos cuyo hospedador pueden ser a la vez tanto las mascotas domésticas como los humanos (es decir, los compartimos). En las personas, las consecuencias de infestarse con un parásito son exactamente las mismas que en las mascotas, y que acaban de ser repasadas. Los parásitos pueden pasar de las mascotas a las personas de diversas maneras (por contacto, por ingestión…), siendo los niños y las personas inmunodeficientes (mujeres embarazadas, niños, ancianos y enfermos) el grupo que corre más riesgo de adquirir una parasitosis. En los niños, el riesgo es doble, porque muchas veces no conservan las normas básicas de higiene, como lavarse las manos después de haber tocado a un animal o evitar llevarse a la boca objetos que han estado en contacto con estos animales parasitados. Por ejemplo, los gusanos que viven dentro del intestino liberan sus huevos a través de las heces del animal y se eliminan al ambiente (o bien el propio animal puede transportarlos en su hocico cuando se lame para limpiarse o está jugando en la calle); esto quiere decir, que si otro animal o una persona ingiere estos huevos del parásito, al cabo de cierto tiempo, en él también se desarrollarán estos parásitos.

Para minimizar los riesgos que corren tanto mascotas como personas, la medida básica que se debe exigir al sector clínico veterinario y a los propietarios de mascotas (tanto perros como gatos, y también especies denominadas exóticas, como conejos, cobayas, reptiles y aves, cada vez con mayor presencia en nuestros hogares) es una correcta y adecuada desparasitación de los mismos. Aquí se debe distinguir entre lo que es una desparasitación curativa (eliminar a los parásitos del animal una vez que éste ya los ha adquirido y que han sido detectados en una revisión rutinaria del animal, por ejemplo, durante un análisis de heces) y una desparasitación preventiva (cuyo objetivo será evitar que un animal se infeste a lo largo de su vida y/o evitar que los parásitos ya adquiridos puedan fabricar nuevos huevos y larvas contaminantes del ambiente. Para estar bien seguros, siempre se debe tender a realizar una desparasitación preventiva (o sea, no sólo hay que desparasitar a la mascota cuando cojan los parásitos, sino que hay que evitar que los cojan). Ya no es sólo una cuestión de bienestar y salud del animal, sino que también es una cuestión de salud pública.

Un buen protocolo de desparasitación preventiva debe tener en cuenta el ciclo de vida del parásito que se quiere prevenir. Es decir, la pauta y los intervalos de tiempo en los que se debe administrar el fármaco antiparasitario, debe diseñarse en función del tipo de parásito que se pretende prevenir. Como nuestras mascotas pueden estar infestadas por múltiples especies de parásitos, cuando se vaya a utilizar un antiparasitario que es efectivo frente a varios tipos de parásitos diferentes, la frecuencia de administración del fármaco se debe siempre hacer en relación con los parásitos cuyo ciclo de vida es más corto. Por tanto, es el veterinario clínico el que debe recomendar la utilización de uno u otro producto y el seguimiento una pauta concreta, ya que sólo él conoce los ciclos de vida de los parásitos que más habitualmente afectan a nuestras mascotas, las vías de transmisión y las épocas del año en las que existe un mayor riesgo de infestación (ya que muchos parásitos son estacionales, aunque hay otros muchos que no lo son).

A nivel internacional existen 2 asociaciones de expertos en Parasitología de Animales de Compañía y que son las encargadas de marcar las líneas de actuación y las reglas para conseguir una adecuada desparasitación de nuestros animales. Una es Americana (CAPC- Companion Animal Parasite Council) y la otra Europea (ESCCAP- European Scientific Counsel of Companion Animal Parasites). Ambos organismos han redactado sus correspondientes Guidelines o Guías de Buenas Prácticas de desparasitación, que son a través de las cuales tanto la industria farmacéutica como los veterinarios clínicos se orientan para poder proporcionar los mejores productos antiparasitarios y los mejores protocolos de administración a nuestras mascotas.

En cuanto al tipo de producto antiparasitario que debe administrarse a un animal que queremos que no se infeste con parásitos, este debe reunir una serie características ideales:

  • - Cuanto más amplio sea el espectro mejor, es decir, cuanto mayor número de especies de parásitos cubra, mejor (de lo contrario, habrá que administrar muchos productos diferentes para poder tener a la mascota y a la familia protegida).
  • - El fármaco tiene que tener una gran eficacia frente a ese parásito. Cuanto más cercano a 100%, mejor (el 100% es lo máximo, significa que elimina a todos y cada uno de los parásitos que podría tener el animal). Dentro de los antihelmínticos (antiparasitarios para los gusanos intestinales) los fármacos más Page 3 efectivos serán los que comiencen a actuar desde los primeros tramos del intestino, de forma que no se dejen atrás ninguno.
  • - Pero por otro lado, debe ser una sustancia que no sea nociva para nuestro animal. En el mercado existen muchos productos comercializados para la desparasitación interna y externa de las mascotas, y muy eficaces; pero muchos de ellos, también, pueden provocar efectos secundarios más o menos graves en nuestros animales, incluso en las personas que les administran el producto. Por ejemplo:
    • Provocar vómitos o diarreas por irritación del intestino.

    • Toxicidad sobre el hígado y/o el riñón (o incluso sobre el sistema nervioso). Sobre todo en cachorros y en animales geriátricos.
    • Provocar malformaciones en los fetos (cuando se administran a las hembras embarazadas) e incluso abortos o incapacidad para procrear.
    • Provocar irritaciones en la piel.

Dentro de los antihelmínticos, el fármaco será mucho más seguro para la mascota cuando menos se absorba, ya que si se evita el paso a sangre, se asegurará que todo el fármaco se elimina directamente sin dañar al animal.

  • Un último aspecto a contemplar, (que, si bien es secundario, no debe desdeñarse a la hora de considerar la idoneidad de un fármaco antiparasitario), es la facilidad de su administración. Un fármaco en comprimidos debe ser fácil de administrar:
    • Tamaño no demasiado grande (para que no lo escupa fácilmente) pero tampoco demasiado pequeño (difícil de manejar).
    • Que no tenga mal sabor (mejor si viene recubierto para ocultar sabores)
    • Con forma alargada y que se deslice fácilmente en la garganta, para que sea fácil de tragar. Muchos antihelmínticos en comprimidos comienzan a deshacerse nada más entrar en contacto con la saliva, por lo que los perros y gatos son capaces de escupirlos, y luego son difíciles de volver a dar, porque se han convertido en una papilla y son prácticamente inmanejables (por lo que habrá que gastar un nuevo comprimido).

En cuanto a la pauta de administración, la mayoría de las Guías de buenas prácticas recomiendan encarecidamente la desparasitación mensual de las mascotas, sobre todo si en el hogar existe algún familiar dentro de los considerados grupos de riesgo (ya mencionados anteriormente). Esto se debe a que la mayoría de parásitos tiene un ciclo de vida cercano a 1 mes y que los productos parasitarios son capaces de dar cobertura durante 1 mes de forma continuada. En cualquier caso, si el veterinario valorara que la situación respecto a este animal fuera de bajo riesgo, se podría plantear una pauta de desparasitación cada 3 meses, es decir, 4 veces al año, una por estación. Se ha demostrado que hacer una desparasitación de menos veces al año (1 ó 2 veces al año), no tiene ningún efecto sobre la presencia de parásitos en las heces y en el ambiente, por lo que esta práctica está totalmente desaconsejada

Fuente: Antonio Serrano. Dpto. Técnico Animales de Compañía Pfizer Salud Animal


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